Nuestra historia

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EL NACIMIENTO DEL BALONMANO EN EL VALLE

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Este primer equipo lo formaban: (De pie, de izquierda a derecha): Ignacio San Juan, Chema Ruiz Cosgaya, Ángel Ceballos (Lillo), Manuel Ortiz, José Manuel Carreras (Choli), Enrique Díaz y Pedro Rebolledo. (Agachados): Francisco Rivero, Carlos González, José Pérez, Guillermo Obregón (Chupi) y Gumersindo Vicario.

José María Archaga, natural de Briviesca (Burgos), fue destinado a Los Corrales en 1963. Provenía de La Salle de San Sebastián, que era donde había terminado sus estudios y donde había tomado contacto con el Salleko, un equipo que le hizo ilusionarse con este deporte.

Cuando llegó para llevar a efecto su labor pedagógica comenzó a fraguar la idea de crear un equipo de balonmano.

Pasó algún tiempo hasta que la materializó formando un equipo juvenil.

El proceso de selección se llevó a cabo durante la clase de gimnasia de aquellos alumnos del colegio La Salle que, por su edad, estaban encuadrados dentro de la categoría en la que pretendía hacer el equipo. Para ello les explicó las reglas básicas, y formó varios grupos para que se enfrentasen entre ellos. Durante estos enfrentamientos fue ojeando a los que podrían serle útiles para confeccionar el equipo que tenía en mente. De aquí salió un grupo, a los que mandó volver posteriormente, para realizar una nueva selección, que resultase competitiva, sin perder de vista que se trataba de un equipo de un colegio religioso, donde deben priorizar además de las cualidades deportivas otras de tipo educativo, que permitiese a los participantes crecer como personas, aprender y poner en práctica valores tan necesarios para la vida misma, como la deportividad, el compañerismo, el trabajo en equipo, el esfuerzo, la amistad y el respeto al compañero.

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Se creó también un logotipo que encabezaba los carteles anunciadores de los partidos, con la figura de un jugador en posición de lanzamiento y una enigmática inscripción en clave junto a la imagen, que hacía alusión a los componentes de dicho equipo, que decía así:
ORCHECHOEN: (ORtiz, CHEma, CHOli, ENrique)
PESANVIRE: (PErez, SAN Juan, VIcario, REbolledo)
RICARLIGUI: (RIvero, CARlos, LIllo, GUIlle)

Varias fueron las causas del enorme éxito del balonmano: A la presencia de un gran equipo de jugadores, tales como los míticos Enrique Díaz, Manuel Ortiz, Pedro Rebolledo, Jacinto Bringas, Chema Ruiz Cosgaya, Miguel Ángel Lamas, Joaquín Espinosa, Guillermo Obregón, los hermanos Bustamante, Manuel y Ricardo, Antonio Fuentes, así como Villegas, Rivero, Carreras, Salomón Cuadrado, Ángel Ceballos, Mariano Bueno, Manuel Manrique, Manuel Gutiérrez (Manolito), Pipe San Juan, Serra, Carlos Gómez de Dios, Valentín Fernández, Elías Pérez, Roberto Rueda, Saturnino Pérez (Nino), Juan Sánchez, Somoza, Javi Revuelta, Gabriel Vela, Constantino Calleja, Julio de Miguel, Varela, Oria, San Pedro, Valentín Pérez, Félix Clemente, Teodo Iglesias, que recuerde ahora sobre la marcha, por ser más o menos de mi época, se unió el que, como se ha podido apreciar, se trataba de un equipo de cantera en el más amplio sentido de la palabra.

Si a esto le sumamos el muchas veces determinante factor público, tenemos el éxito casi garantizado. Este factor afición estaba asegurado ya que los partidos se jugaban a las 12:45 horas de los domingos y este dato que pudiera no tener mucha importancia o pasar desapercibido, era de gran transcendencia ya que coincidía con la salida de misa de 12, y como la iglesia se encuentra a escasos metros de la cancha del colegio de La Salle, la mayoría de las personas, según salían de misa se dirigían a ver el encuentro de balonmano, con la seguridad de que iba a disfrutar de un espectáculo ofrecido por chicos del pueblo, a los que conocían de siempre, además de forma totalmente gratuita.

Era fácil que a estos partidos asistiese cerca de un millar de personas, pudiendo duplicarse el aforo en partidos de gran transcendencia. Ni las inclemencias meteorológicas (se jugaba a la intemperie) conseguían desanimar a sus fieles seguidores.

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Por el La Salle Buelna jugaron: Rebolledo, Ruiz Cosgaya (2), Díaz (7), Ceballos, Carrera (4), Lamas (4), Rivero, Vicario, Obregón (2), Pérez y San Juan

El partido se jugó en la antigua plaza de José Antonio (ahora Plaza Pombo) que registró una espléndida entrada.

Se fraguó en un magnífico primer tiempo, que acabó con el resultado de 11 a 2 a favor de los nuestros.

En la segunda parte reaccionaron los contarios, llegando a ponerse a 4 goles de distancia (15-11), pero los nuestros aseguraron la victoria, acabando 19-13.

Entre los asistentes, el comentario más generalizado, después de ver la exhibición de juego era que el equipo había quedado campeón con todos los merecimientos, causando los chavales una magnífica impresión, especialmente por su preparación física. Dice la crónica de este partido que daba gusto ver a los jugadores corraliegos sobre el campo, especialmente a los artilleros del equipo, entre los que destacaban a Díaz y Lamas. Tampoco podían dar crédito a que ninguno de los jugadores de la plantilla campeona figurase en la selección cántabra.

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Infantil San Felices
De pie: Joaquín Fernández (Quinín), Marcelino Barquín (Ninín), Juan Alberto Portilla, Pedro Rasilla, Serna, Zornoza, José Galuza Agachados: Somoza, Joaquín Cabrero, Ezequiel Ceballo , José Manuel Prado.

La sección de balonmano logró en tan sólo tres años ser el más importante club en Cantabria, ascendiendo de categoría Regional a Primera Nacional (por entonces la segunda categoría del balonmano español, por detrás de la División de Honor).

El auge era tal que aprovechando la cantidad y calidad de los muchos jugadores, nacieron equipos en otros municipios, que se surtían de la cuantiosa cantera del colegio de La Salle. La Peña Gedio de Somahoz, llegó a tener un equipo juvenil y otro en la categoría regional.

En San Felices se construyó una magnífica cancha de balonmano, situada en Rivero, en el mismo centro del pueblo, que en su inauguración, por las fiestas patronales de San Félix, tuvo como primeros contendientes a La Salle Buelna y una Selección Cántabra, finalizando el encuentro con empate a 13 goles. El encuentro resultó muy competido, dejando satisfechos a la gran cantidad de aficionados que presenciaron el mismo.

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Juveniles San Felices
De pie: Joaquín Fernández (Quinín), Jesús Rivas, Santiago González Oria, Vicente Serra, José Felipe San Juan y Paulino Laguillo. Agachados: Manuel Fernández, César Laguillo, Pedro Costa, Serna, José Ignacio Marcano y Marcelino Barquín (Ninín)

El equipo se inició en segunda juvenil. Al igual que en Corrales, los partidos se jugaban los domingos después de misa y el gentío que se agolpaba en el campo de Rivero daba una imagen jamás vista en San Felices.

Este equipo contó también la colaboración del Ayuntamiento para afrontar este reto. Como anécdota recordamos que el árbitro venía de Santander en tren hasta Los Corrales y había que ir a buscarlo a la estación, para trasladarle a San Felices, tarea de la que se encargaba el propio Quinin, aprovechando el viaje para ir poniendo al colegiado en antecedentes.

Con chavales de Los Corrales y algunas nuevas incorporaciones del propio San Felices consiguieron excelentes resultados, llegando a ser en la temporada siguiente subcampeones de la Copa Cantabria, en la Plaza de José Antonio, ante el Dosa, que era el segundo equipo de los Salesianos.

Tal fue el éxito, que la siguiente temporada organizaron también un equipo de infantiles con chavales del pueblo.

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La alineación de La Salle Buelna en aquella ocasión fue: Rebolledo, Enrique Díaz (4, 1 de penalti), Ceballos, Obregón, Espinosa, Ricardo Bustamante (4), Rivero, Ortiz (2), Lamas (2) y Ruiz Cosgaya (1)

En la temporada 1966-67 se logró el campeonato de Primera División, ganando la fase provincial de la Copa del Generalísimo, al vencer en la final al Sin Fin, en la mítica Plaza de José Antonio, ahora Plaza Pombo, en un partido que resultó emocionante por las alternativas en el marcador.

En el primer tiempo el Sin Fin se adelantó con 4 goles en el marcador, para llegar al descanso con una renta de dos (6-4), pero a falta de diez minutos La Salle Buelna consiguió adelantarlos en plan campeón, terminando el partido con la victoria por 14-10. Destacaron la capacidad artillera de Enrique Díaz y Ricardo Bustamante, que fueron piezas fundamentales para obtener la victoria, junto con su portero Pedro Rebolledo.

Con esta victoria La Salle Buelna representó al balonmano cántabro por su condición de campeón provincial, en la fase nacional.

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